126 años de la Masacre de Ayo Ayo «Tragedia, Guerra y Resentimiento en la Bolivia del Siglo XIX»
"El sacrificio de 27 jóvenes universitarios en defensa de Sucre y el enfrentamiento entre indígenas y élites en la Guerra Civil de 1899"

El 24 de enero de 1899, las tierras gélidas de Ayo Ayo fueron escenario del macabro asesinato de 27 jóvenes universitarios que ofrendaron sus vidas en defensa de Sucre como capital de Bolivia. Este trágico episodio tuvo lugar en el marco de la Guerra Civil, Federal o Separatista, un conflicto político y social que enfrentó a las élites conservadoras de Sucre y a los liberales de La Paz, quienes promovían el federalismo y buscaban trasladar la sede del gobierno desde Chuquisaca.

La masacre ocurrió en la capilla de Ayo Ayo, donde los jóvenes del Escuadrón Sucre buscaron refugio tras ser derrotados en la batalla de Cosmini. Estos estudiantes, pertenecientes a la Facultad de Derecho y apoyados por sectores obreros, habían partido de Sucre el 15 de diciembre de 1898 liderados por el entonces presidente Severo Fernández Alonso, con el objetivo de defender la condición de Sucre como capital de la nación.
El conflicto comenzó tras la promulgación de la Ley de Radicatoria, el 18 de noviembre de 1898, impulsada por Severo Fernández Alonso. Esta ley decretaba que el Poder Ejecutivo residiría permanentemente en la capital de Bolivia, y limitaba la posibilidad de que el presidente saliera de Sucre por más de siete días. Sin embargo, esta medida provocó el rechazo de los liberales paceños, quienes organizaron un mitin popular en La Paz el 12 de diciembre de 1898, formando una junta de gobierno encabezada por José Manuel Pando, Serapio Ortiz y Macario Pinilla.
Pando armó un ejército con el apoyo de los indígenas aimaras liderados por Pablo Zárate Willca, quien se unió al movimiento liberal bajo la promesa de recuperar las tierras indígenas usurpadas. Esta alianza desencadenó una serie de enfrentamientos armados que marcaron el inicio de la guerra.
Tras la derrota sufrida en el primer crucero en Cosmini, un grupo de jóvenes sucrenses, acompañados por los sacerdotes Fernández de Córdova, Rodríguez y Gómez, se refugiaron en la capilla de Ayo Ayo. Sin embargo, las tropas aimaras de Zárate Willca, enardecidas y bajo los efectos de la chicha consumida antes del combate, llegaron al lugar y desataron una brutal masacre.

Quemaron los alrededores de la capilla, derribaron su puerta principal e ingresaron para asesinar de manera despiadada a los 27 jóvenes universitarios, junto con tres jefes militares: Ávila, Sanjinés y Loza, y los sacerdotes que habían ofrecido refugio a los caídos. Este acto se convirtió en un símbolo de la violencia y el resentimiento acumulado durante años de desigualdad y explotación.
La masacre de Ayo Ayo dejó una herida profunda en la memoria colectiva de Chuquisaca. La pérdida de los jóvenes estudiantes, considerados lo más selecto de la juventud sucrense, es recordada con un homenaje en el Cementerio General de Sucre. En este acto, realizado al pie de un monumento erigido en su honor, participan autoridades departamentales, municipales, académicas, del poder judicial y otras instituciones, reafirmando el impacto de este evento en la historia de Bolivia.
El conflicto concluyó el 12 de abril de 1899, tras la Batalla del Segundo Crucero en Paria, donde Pando derrotó a Severo Fernández Alonso. La victoria liberal llevó a la proclamación de La Paz como Sede de Gobierno y la consolidación de José Manuel Pando como presidente, marcando el fin de la guerra civil.
La masacre de Ayo Ayo sigue siendo un episodio que evoca múltiples interpretaciones. Por un lado, se percibe como una tragedia que simboliza los conflictos fratricidas en la historia de Bolivia. Por otro, expone las tensiones entre las élites criollas y la población indígena, que encontró en el liderazgo de Zárate Willca una oportunidad para reclamar justicia por siglos de opresión.
Este trágico evento también dio lugar a manifestaciones de racismo y estigmatización hacia los indígenas, como lo reflejó el artículo “Lugentes Campi” (Campos del dolor), escrito por Mariano Baptista, donde se expresa una visión despectiva hacia la población aimara.
La masacre de Ayo Ayo nos recuerda la necesidad de entender la historia desde una perspectiva crítica, que reconozca tanto las responsabilidades de las élites como el contexto de desigualdades estructurales que llevaron a estos actos extremos. Más allá de la tragedia, ha dejado una profunda huella en la historia de Bolivia. Este episodio plantea preguntas sobre los desafíos de construir una sociedad más equitativa y reconciliada, la importancia de abordar el pasado con honestidad y rigor crítico, y de reconocer la diversidad y complejidad de las sociedades bolivianas.

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