Cultura

Después de todo, ¿qué es, realmente, lo postmoderno, Cachín Antezana?

Hace algunos años tuve una conversación con Luis H. “Cachín” Antezana sobre el postmodernismo. Partí de una pregunta que parecía básica, casi obvia: ¿qué es lo postmoderno? Pero con Antezana las preguntas rara vez permanecían en el lugar donde uno las dejaba. La conversación fue desplazándose hacia la modernidad, la idea de progreso, la tecnología, la ecología, el kitsch, Nietzsche y, finalmente, hacia Bolivia y esa particular condición de ser una sociedad donde varias historias parecen ocurrir al mismo tiempo.

A un año de su muerte, recupero y reproduzco aquella entrevista. No como una pieza de archivo, sino como una conversación que conserva intacta su capacidad de incomodar ciertas certezas. 

¿Qué significa el postmodernismo en un contexto práctico?

No sé si lo que se llama postmodernismo tiene realmente un efecto en la cultura como vida cotidiana. Habría que observar mucho para descubrir detalles.

Lo que sí es cierto es que, en la vida académica, en la artística —pero aquella artística entramada con las preocupaciones intelectuales—, ahí sí existe un impacto del postmodernismo.

En otras palabras, el postmodernismo sería, sobre todo, una discusión intelectual, una manera de interpretar los tiempos actuales. No una manera de vivirlos.

¿El llamado postmodernismo tiene un origen natural o es más bien una extensión necesaria e inevitable del modernismo?

Hasta la palabra postmodernismo muchas veces se ha discutido. Vayamos al principio.

La categoría de lo moderno, de lo modernista por extensión, sería aquella categoría que cree en un desarrollo y en un progreso histórico, que las cosas avanzan por medio de la razón, la industrialización. Ese sería el modernismo.

El postmodernismo surge un rato de ésos y dice: no, no se avanza, no se ha avanzado, y ese pensamiento modernista estaba equivocado. Y ahí comienzan los argumentos postmodernistas.La palabra misma tiene un problema. Si es “post”, significa que es después de, entonces quiere decir que ha avanzado. ¿Cómo lo que ha avanzado puede negar que no ha avanzado?

Se suele asociar la tecnología con la postmodernidad. La computadora, por ejemplo, parece haber llevado al individuo hacia una existencia cada vez más solitaria. ¿Eso no sería una consecuencia postmoderna?

Otra vez, el problema es teórico y habría que ver que en los hechos no es así. Los impactos tecnológicos más bien son impactos de la inercia del pensamiento moderno, tecnológico e industrializante.

Entonces, cuando un hombre vive más tiempo con su computadora, no estaría viviendo un tiempo postmoderno, sino que seguiría viviendo una época moderna, seguiría atado a los desarrollos de la ciencia y la tecnología.

Más bien yo mencionaría como postmodernas las actitudes ecológicas, el tema ecológico, que son posiciones que tienden a fomentar grupos de trabajo, no soledades, por ejemplo.

Entonces, ¿la tecnología no rompe con la modernidad, sino que prolonga su lógica?

Exactamente. Ahí está el problema. La tecnología puede cambiar las formas de relación, pero eso no significa necesariamente que haya cambiado la estructura de pensamiento que las sostiene.

Si seguimos creyendo que el desarrollo tecnológico es una forma de progreso, estamos todavía dentro de una concepción moderna. Podemos tener computadoras, nuevas formas de comunicación, nuevas máquinas, pero eso no basta para decir que vivimos en otra época.

¿Y qué ocurre entonces con la idea del hombre moderno como un ser cada vez más individual y solitario?

Ahí habría que tener cuidado. Una cosa es la soledad como experiencia y otra es la individualización como característica histórica.

Si pensamos que la tecnología produce automáticamente un hombre postmoderno, estamos confundiendo los efectos con las causas. El problema vuelve a ser teórico.

¿Cómo definiría el kitsch? ¿Es una expresión sociocultural que existió siempre o una manifestación que surge de un determinado proceso cultural?

El kitsch es antiquísimo, de los años cuarenta, incluso mucho más. Si cogemos bien la categoría kitsch, es de los años veinte.

¿Como forma de expresión?

Claro. En la época de los años veinte, esa época que nos figuramos con los bares de bajo mundo, con la prohibición del alcohol en los Estados Unidos.

A ver, fíjate: unos blancos oligarcas farreando en un mundo donde están tratando de sobrevivir negros despreciados y subordinados gracias a su música. ¿No te parece de lo más kitsch que existe? Y además en un mundo que está manejado por mafias y gánsteres.

Mafia y gánsteres en contra de la ley vendiendo alcohol. Blancos semirricos o ricos vestidos en las coqueterías de la época, a manera de liberarse, yendo a farrear y pidiendo una taza de té para que en realidad les den un whisky doble.

Y unos negros talentosos y geniales ganándose la vida para no morirse de hambre en una sociedad que los discrimina.

Y además tocando un saxo.

Y claro, tocando una obra genial, un Charlie Parker, digamos. ¿Más kitsch que eso?

¿Podríamos ubicar a Bolivia como un país postmoderno o como una nación en pos de la modernidad?

Otra vez, tu uso de postmoderno es totalmente modernista. Es como si hubiera una época posterior.

¿Qué ocurre en Bolivia? Es una sociedad múltiple, como decía Zavaleta Mercado. Es una sociedad abigarrada donde se cruzan muchas historias al mismo tiempo, con relaciones de diverso grado de subordinación.

Por ejemplo, un boliviano rico o una chica de alta clase en Bolivia baila caporales en el carnaval. Es una tradición popular. Antes no hacían eso.

Las china supay de la Diablada de Oruro, que antes era una tarea reservada a los homosexuales durante el carnaval, hoy en día son las chicas coquetas y ricas las que bailan.

¿Qué significa entonces esa convivencia de expresiones que vienen de distintos lugares, de distintas clases y de distintas tradiciones?

Yo creo que eso es el modernismo. El modernismo es ser homogéneo.

Por eso Zavaleta dice que es una sociedad abigarrada, de varias historias, y cada una hay que verla tal como es.

En Occidente existe una tendencia a buscar formas homogéneas de pensamiento. En cambio, en sociedades latinoamericanas como la nuestra aparecen formas mucho más heterogéneas. ¿Cómo entender esa diferencia?

Precisamente ahí está el problema. El modernismo busca la homogeneidad. Busca una categoría general que permita ordenar las cosas.

Pero una sociedad abigarrada no funciona de esa manera. Hay varias historias, varias formas de relación, diferentes niveles de subordinación y diferentes maneras de vivir el tiempo.

¿Y de dónde proviene esa concepción homogénea?

Como influencia en las leyes. Todas las personas son iguales ante la ley, tienen los mismos derechos. Lo cual es un mérito.

Declarar que todos los hombres son iguales ante la ley, para mí, es un gran mérito, hasta que se los castigue, por supuesto.

¿La postmodernidad cuestiona entonces esa necesidad de hacer iguales a todos bajo una misma idea?

L.H.A: Es una crítica al modernismo. Teóricamente no rescata nada y los ámbitos de creación tampoco son tan nuevos. Ya vienen desde la época de Nietzsche, cuando afirma que los valores ya habían caducado y habría que inventar otros nuevos.

¿Qué queda entonces del modernismo en el pensamiento postmoderno?

La pregunta ya contiene un problema. Si estamos hablando de una crítica al modernismo, no necesariamente tenemos que buscar qué conserva como si fuera una etapa posterior.

Lo importante es observar qué está siendo cuestionado.

¿Cómo definiría al hombre postmoderno?

Yo creo que definitivamente no existe.

//Los Tiempos

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