Fauna silvestre: Una variedad de especies en riesgo de desaparecer
La falta de recursos económicos y en algunos casos humanos dificulta una lucha más efectiva contra este delito

En Bolivia, la venta, captura, tenencia y tráfico ilegal de especies silvestres son delitos sancionados con hasta ocho años de cárcel, según la normativa vigente. A pesar de las sanciones, estas son consideradas leves por organizaciones y ambientalistas, tomando en cuenta el grave daño que provoca esta actividad ilegal.
De acuerdo con datos de la Dirección General de Biodiversidad y Áreas Protegidas (DGBAP), 120 especies nativas son comercializadas ilegalmente dentro y fuera de Bolivia. Muchas son cazadas y vendidas por partes, como ocurre con los colmillos de jaguar o las plumas de diferentes aves. Otras son capturadas vivas y comercializadas como mascotas. Entre las especies más ofertadas están las parabas, los monos y las tortugas.
Según la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) y la Asociación Armonía, en 2024 se identificaron 478 especies amenazadas, lo que significa que una de cada 10 especies conocidas enfrenta riesgo de extinción. De ese total, 63 están clasificadas como críticamente amenazadas (CR), 145 como amenazadas (EN) y 270 como vulnerables (VU), de acuerdo con un reporte de la Agencia de Noticias Ambientales (ANA).
Un ejemplo de esta problemática ocurrió hace dos semanas, con el rescate de dos crías recién nacidas de mono aullador, luego de un operativo realizado en Santa Cruz de la Sierra, en la zona del Urubó. Los primates eran ofertados por Bs 2.800 mediante redes sociales. Durante el operativo, dos traficantes de vida silvestre fueron aprehendidos.
Este hecho refleja la crueldad con la que actúan las redes dedicadas al tráfico de fauna silvestre, pues para capturar a las crías, lo más probable es que hayan matado a la madre. “Es más que seguro que la madre fue muerta por quienes buscaban comercializar las crías. Lastimosamente, en estos casos el daño es muy grande. Al ser vendidas como mascotas, se les priva de su rol ecológico básico como dispersores de semillas o controladores de plagas. Además, reciben dietas inadecuadas, lo que puede provocar su muerte prematura”, explicó Marco Greminger, experto en vida silvestre.


PELIGRO
El tráfico de animales silvestres en Bolivia afecta a más de 120 especies, de las cuales aproximadamente 70 estarían en peligro de extinción. Entre las más afectadas se encuentran: El jaguar (Panthera onca): Es muy codiciado en el mercado asiático. Sus colmillos, garras y pieles son las partes que más se trafican.
Aves y primates: Las parabas o guacamayos, los loros y las crías de monos, como los ejemplares rescatados en Santa Cruz, son capturados para el mercado ilegal de mascotas. La oferta se realiza mediante redes sociales, lo que dificulta su monitoreo y control.
Lagartos y víboras: Los lagartos de meseta y diversas serpientes, como las boas, son traficados por sus pieles o para ser mantenidos en cautiverio como mascotas.
Sullus de llama y vizcachas: En operativos realizados por la Policía Forestal y de Protección al Medio Ambiente (Pofoma), se hallaron cientos de vizcachas y fetos de llama, conocidos como sullus, en procesos ilegales de secado destinados a rituales tradicionales y mercados populares.
Gastronomía: En la Amazonía boliviana, principalmente en Beni y Pando, existe el comercio ilegal de huevos de peta o tortuga de río durante la época de desove. Los huevos son ofertados y vendidos de manera informal, a través de redes sociales y en algunos mercados, donde las autoridades realizan decomisos. Pese a ello, la comercialización continúa siendo elevada a escala nacional.
“Muchas especies, principalmente en Beni, peor en esta época en la que la economía juega un papel desfavorable para nuestra fauna silvestre, son cazadas para el consumo y la comercialización. Ahí está el peligro de la caza indiscriminada, porque nadie los controla. No hay puestos de control del Gobierno departamental o de las alcaldías para evitar una caza de depredación”, explicó Greminger a La Razón.
El jochi, el cerdo de tropa o chancho de monte, la urina —un ciervo pequeño— y el tatú o armadillo de nueve bandas están en la mira de la caza furtiva para abastecer los mercados de carne de monte en algunas regiones del país.
“Lastimosamente, muchas de las personas que cazan estas especies no conocen el riesgo que esto implica. Muchos de estos animales son portadores de algunas enfermedades zoonóticas, frente a las cuales son inmunes, pero que pueden afectar a los humanos. Los indígenas y campesinos que viven en áreas de bosque conocen esto y saben cómo, cuándo y qué cazar sin afectar el equilibrio. Pero quienes se dedican a la caza deportiva o con fines comerciales no saben esto y le disparan a todo lo que se mueve”, aseguró el entrevistado.
En Bolivia, el tráfico ilegal de fauna silvestre está tipificado como delito penal y se encuentra regulado por la Ley 1525, Ley Integral de Protección y Conservación del Cóndor Andino; la Ley 1333, Ley del Medio Ambiente; la Ley 300, Ley Marco de la Madre Tierra; y el Decreto Ley 12301, Ley de Vida Silvestre.
Las penas van desde los dos hasta los seis años de cárcel y pueden agravarse hasta ocho años cuando se trata de especies en peligro de extinción. Pofoma es la institución encargada de intervenir e investigar los casos de tráfico de vida silvestre, en coordinación con el Ministerio Público.
Sin embargo, en el caso de Pofoma, la falta de recursos constituye un obstáculo para la realización de operativos y controles más efectivos. En cuanto al Ministerio Público, la ausencia de fiscales especializados en temas medioambientales dificulta el desarrollo de las investigaciones.
Algunas organizaciones, como WCS-Bolivia, coordinan acciones con ambas instituciones mediante talleres de capacitación, con el objetivo de mejorar las condiciones para enfrentar este delito. En algunos casos, también brindan recursos para combustible destinado a rescates y controles. No obstante, todavía falta mucho por hacer.
Mascotismo sinónimo de tráfico de especies
El mascotismo consiste en mantener animales silvestres en cautiverio dentro de los hogares como si fueran mascotas. Esta práctica es ilegal y constituye una forma de tráfico de vida silvestre, ya que fomenta la tenencia y comercialización de especies fuera de su hábitat natural.
En Bolivia, la Ley 1333 de Medio Ambiente prohíbe extraer, transportar y tener fauna silvestre sin autorización. Quienes incurren en estas prácticas pueden enfrentar penas de cárcel.
Además de las sanciones, el mascotismo provoca un daño considerable a las especies. Los animales pierden sus hábitos naturales y pueden sufrir desnutrición, anemia, sobrepeso y estrés severo por no recibir una dieta adecuada ni vivir en su hábitat. Esta situación reduce las poblaciones de animales en libertad y altera el equilibrio de los ecosistemas.
“Sin lugar a dudas, el mascotismo es tráfico de especies silvestres. Los cazadores furtivos matan hembras que tuvieron crías recientemente y se llevan a sus crías a sus casas para criarlas como mascotas”, explicó Marco Greminger, experto en vida silvestre.
El especialista aseguró que estos animales, al crecer y alcanzar la madurez sexual, cambian de actitud y pueden volverse agresivos, lo que pone en peligro al poseedor, su familia y su entorno.
“Pero también el animal corre peligro, ya que al estar en esa etapa y volverse agresivo, corre el riesgo de que lo maten”, indicó.
Reveló que es en ese momento cuando quienes los crían llaman a rescatistas para que se hagan cargo del animal, argumentando que ingresó a sus viviendas.
“Como especialistas nos damos cuenta cuando un animal fue criado como mascota y cuando es salvaje. Pero igual debemos rescatarlo, readaptarlo y tratar de que vuelva a su hábitat”, dijo.
Actualmente, esta práctica es vista en varias regiones como una demostración de poder económico. El mascotismo de animales silvestres impulsa fuertemente el tráfico ilegal de vida silvestre, por lo que se debe sancionar a quienes mantienen estas especies en sus hogares.
//La Razón



