Cultura

La fe de miles de feligreses se hace danza en Urkupiña

Quillacollo, la tierra de la Integración, vibró con la Entrada Folklórica de la Virgen de Urkupiña 2026. Más de 80 fraternidades fueron parte de la una peregrinación hecha danza, que al ritmo de diferentes danzas renovó su fe.

Miles de caporales, morenos, tobas y diablos desplegaron sus mejores bailes y coreografías en la ruta de 4,7 kilómetros, desde el Calvario hasta el templo, para cumplir con su promesa de llegar a los pies de la Virgen de Urkupiña, que cada 14 de agosto los espera para reencontrarse y escuchar el clamor de sus hijos, que le piden y agradecen por los favores recibidos. 

Los tinkus, waka tokoris, pujllay, llameros y doctorcitos, también, llegaron hasta la protagonista del milagro de Urkupiña, la virgen que se le apareció a una humilde pastorcita en el cerro de Cota y que dio origen a la leyenda de la “Patrona de la Integración”. 

El templo de San Ildefonso, donde está la virgen, se vistió de gala para recibir a los danzarines que llegaron de rodillas y con lágrimas. 

El alcalde Luis Santa Cruz resaltó que se recibieron visitantes de todo el mundo. “Todo el que tenga fe puede pedir unión en su familia, unión en los bolivianos y solidaridad, pero, sobre todo, salud, trabajo y prosperidad”. 

Afirmó que está seguro que se hará realidad el sueño de que la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) declare a la fiesta de Urkupiña Patrimonio de la Humanidad.

El presidente de la Asociación de Fraternidades Folklóricas Virgen de Urkupiña (AFFU), René Valdez remarcó que se presentaron 84 fraternidades, entre ellas dos de Valle Grande y una de Tarija. Pidió recibir a los feligreses con los corazones abiertos.

La fe de Salta 

Más 3 mil devotos de Salta, Argentina, llegaron a Quillacollo para ver a la Virgen de Urkupiña, que inspirado una devoción impresionante en el norte argentino y que cada año impulsa a que familias enteras viajen más de 2 mil kilómetros de llanos y montañas para visitar a la madre que escucha sus más íntimos anhelos.

//Los Tiempos

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