Surtidor abandonado, es parte de la memoria de hogares, hoy luce como para un museo.

En el siglo pasado, se hacía fila para comprar kerosene, desde altas horas de la madrugada, las familias munidas de recipientes, llegaban hasta estos surtidores y pacientes esperaban el inicio de la venta, a veces el combustible escaseaba y solo a cinco litros x persona se vendía.
Era el kerosene muy requerido
Se llenaban los tanques de los anafes, (recuerdo la marca PRIMUS) a los que se «bombeaba» previo calentar con alcohol de quemar (que era el de color rojo, no se si existe todavía) el cabezal del anafe, eran los clásicos afanes, para cocinar. En el campo, nuestros abuelos también compraban kerosene, para los mecheros, despedía un olor particular y humo negro que tiznaba las paredes.
«Si kerosene faltaba, nadie cocinar podía y gran aflicción en las mamás de esos tiempos, había» .
Fuente RRSS
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