Cultura

Un Diccionario Yurakaré-Castellano, ‘lengua que habla del bosque’

El libro será presentado este viernes. Estará disponible para investigación.

La presentación del Diccionario Yurakaré–Castellano es un acontecimiento académico e investigativo de preservación patrimonial orientado a la preservación de este idioma indígena en Bolivia.

Fruto de 20 años de trabajo de campo, este volumen es el testimonio vivo de una lengua que no tiene parentesco con ninguna otra familia lingüística del continente.

El antropólogo Vincent Hirtzel, junto a su colega lingüista Rick Van Gijn y el apoyo posterior de Julen Villarreal, lideró una investigación de largo aliento que incluyó convivencias prolongadas en comunidades del Tipnis y Chapare.

“He permanecido casi dos años de vida en comunidades yurakarés. Este método, típico en antropología, permite que el idioma y la cultura se revelen en su profundidad”, explica. La labor contó con la participación esencial de cuatro coautores indígenas, Gerónimo Ballivián Orosco, Asencio Chávez Orozco, Alina Flores Roca y Rufino Yabeta Aguilera, y con las contribuciones de más de 100 hablantes nativos.

El proyecto, respaldado por el Instituto de Lengua y Cultura de la Nación Yurakaré y organizaciones como la Fundación Sama, culminó en una edición de 350 ejemplares. Fiel a una ética de respeto y a una visión decolonial, el diccionario no se venderá comercialmente.

“Es un compromiso con el pueblo yurakaré, que el libro sea para ellos, símbolo tangible de que su idioma cuenta”, señala Hirtzel.

Además, se prevé que el contenido esté disponible en formato digital gratuito para investigadores y personas interesadas, a futuro.

El diccionario no solo compila vocabulario. Documenta variantes dialectales, describe con minuciosidad especies de flora y fauna, y rescata prácticas culturales y rituales ya en desuso.

“El yurakaré distingue más de 300 peces y mil plantas distintas. Esa riqueza conceptual no existe en español. Está almacenada en siglos de historia oral”, afirma Hirtzel. También es un registro de la cosmovisión indígena, donde palabras, como ‘temta’, que en origen aludía a motivos decorativos, adquirieron con el tiempo el significado de escritura.

El diseño editorial refuerza la dimensión simbólica. La portada, sin nombre de autor, luce una antigua túnica pintada yurakaré como guiño a sus ancestros.

“El idioma es un bien colectivo. Evitamos personalizar su autoría para no caer en la apropiación de un patrimonio que pertenece a toda la comunidad”, explica.

Hirtzel reflexiona sobre la vulnerabilidad de las lenguas originarias en Bolivia. Reconoce que el quechua, el aymara y el guaraní cuentan con materiales similares, pero no así la mayoría de las lenguas de tierras bajas.

“Cada vez que una lengua desaparece, se borra un saber acumulado por generaciones. Es una pérdida para la comunidad y para el país. La diversidad cultural es la riqueza misma de Bolivia”, advierte.

La presentación del diccionario será un espacio para escuchar no solo a los investigadores, sino también a los portadores de la lengua.

Fuente: Opinión

NotiBolivia

Bolivia

NotiBolivia
Bolivia

Publicaciones relacionadas

Botón volver arriba