Claribel Arandia Torrez. Desde la infancia creativa hasta la Dirección el Museo Nacional de Arte

La ciudad de La Paz, en pleno invierno de julio, fue el escenario del nacimiento de Claribel Arandia Torrez, hija de dos jóvenes soñadores y rebeldes, Edgar Arandia Quiroga y Yolanda Torrez Flores. Creció rodeada de música, arte y literatura, lo que marcó su destino y personalidad indomable. Su camino en el arte comenzó desde pequeña, influenciada por sus padres y maestros como Benedicto Aiza, Max Aruquipa y Hugo Salazar, quienes la guiaron y apoyaron en su formación artística en la Universidad Mayor de San Andrés (UMSA).
Claribel encontró su vocación en las artes plásticas y trabajó en el Museo de Instrumentos Musicales de Bolivia, impulsado por el maestro Ernesto Cavour. Esta experiencia, junto a una beca en Estados Unidos, enriqueció su perspectiva y técnica artística. A pesar de las oportunidades en el extranjero, su amor por Bolivia y su compromiso con la cultura la llevaron de regreso a su país, donde continuó luchando por los derechos de los artistas y las mujeres.
Durante su carrera, Claribel ha dedicado su obra a reflejar las historias no contadas y las luchas de las mujeres bolivianas. Su activismo la llevó a asumir responsabilidades en la administración pública, promoviendo y valorando las culturas locales con pasión y entusiasmo.
Hoy, como directora del Museo Nacional de Arte (MNA), Claribel sigue comprometida con la democratización del arte y la inclusión de las mayorías populares en la cultura. Desde este «templo del arte», trabaja incansablemente para servir a Bolivia, inspirada por sus ancestros y sus experiencias de vida.
Claribel Arandia Torrez es un testimonio vivo de cómo la pasión y el compromiso pueden transformar la cultura y la sociedad boliviana.
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