Más de 140 adolescentes enfrentan la justicia cada mes en Bolivia; Cochabamba, el segundo con más caso

Al igual que las dos adolescentes procesadas por el asesinato de Wendy, de 14 años, en Lauca Ñ, Shinahota, cientos de menores de edad están en conflicto con la ley. Según la Fiscalía, entre el 1 de enero y el 15 de septiembre de este año atendieron 1.217 casos bajo la justicia penal juvenil en Bolivia.
De los 1.217 casos, Santa Cruz reportó 325 (26.74%), Cochabamba 237 (19.47%), La Paz 176 (14.46%), Beni y Chuquisaca 101 cada uno (8.30%), Potosí 94 (7.73%), Tarija 82 (6.74%), Pando 59 (4.85%) y Oruro 42 (3.46%).
Esto significa que, en promedio, cada mes se atienden aproximadamente 144 casos bajo la justicia penal juvenil en Bolivia. Pero, ¿qué delitos están cometiendo? La mayoría está involucrada en casos de violencia de género, seguidos por robos, agresiones y narcotráfico. Según datos de la Fiscalía, la Justicia Penal Juvenil atendió 1.217 casos. De estos, 473 (39%) corresponden a delitos del área de Género, 335 (27.56%) a delitos Patrimoniales, 318 (26.14%) a delitos contra las Personas, 55 (4.52%) a otros delitos y 36 (2.96%) a narcotráfico.
Detrás de las cifras, hay historias que estremecen. Una de ellas es la de Andrea (nombre cambiado), una adolescente de 15 años que ya enfrenta a la justicia. Tras apuñalar más de veinte veces a una compañera de 13 años en el baño de un colegio en Satélite Norte, Warnes. Fue enviada con detención preventiva al Centro Nueva Vida Santa Cruz (Cenvicruz). El motivo: tentativa de asesinato.
Cruzó una línea que ahora la mantiene bajo proceso. Ella y la víctima se conocían; eran “amigas”. Durante su declaración, ofreció al menos tres versiones de lo ocurrido. En la última, confesó que sintió envidia por su compañera y terminó planificando el ataque.
El hecho ocurrió el 31 de julio, cerca de las 11:00. Andrea la citó en el baño del colegio con la excusa de entregarle un regalo, pero la sorprendió con un cuchillo. Tras apuñalarla más de veinte veces, salió del lugar como si nada.
Fue otra estudiante, que entró al baño por casualidad, quien encontró a la víctima y dio la alerta. El regente y personal del colegio actuaron rápido: la trasladaron al centro de salud más cercano y, debido a la gravedad de sus heridas, fue derivada al Hospital Japonés.
Casos como estos reflejan una realidad que se repite. Algunas personas exigen castigos más duros para los adolescentes que cometen crímenes graves, mientras que otras abogan por medidas que consideren la edad y las circunstancias. Así, el debate sobre cómo aplicar la justicia en estos casos sigue vigente.
Fuente: Opinión
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