Oro tóxico: el mercurio de la minería amenaza a más de 160 comunidades de la cuenca del río Beni en Bolivia

El mercurio usado para la minería ilegal se ha extendido como una plaga a través de los ríos de la Amazonía. Al hacerlo ha contaminado no solo a 249 comunidades indígenas y ribereñas de Perú, Bolivia y Brasil que han sido evaluadas científicamente, sino también ha puesto en riesgo a otras 702 comunidades que están situadas entre los puntos de minería ilegal activos y las poblaciones contaminadas.
Por primera vez, Mongabay Latam documenta la crítica extensión de la contaminación por mercurio en las cuencas de los ríos Madre de Dios (Perú), Beni (Bolivia) y Madeira (Brasil).
Analizamos 39 investigaciones científicas realizadas durante 27 años en tres ríos amazónicos y encontramos que 39 comunidades de la cuenca del río Beni, en Bolivia, están afectadas por el mercurio. Además, de acuerdo a un análisis realizado por Mongabay Latam, 125 más enfrentan riesgo de contaminación por este metal pesado usado en la minería de oro. Recorrimos cinco comunidades indígenas y encontramos localidades donde los niveles de mercurio superan en 9 veces el límite permitido por la Organización Mundial de la Salud. Mientras la minería de oro continúa aguas arriba, las comunidades siguen dependiendo del pescado para sobrevivir.
Temor
Gilberto Vaca Muiba teme que el mercurio que corre por sus venas acabe con su vida. Ese miedo, sin embargo, no altera su rutina. Toma su vieja caña de pescar, camina hacia el río y aguarda con paciencia por la comida del día. Está arrodillado en una de las playas del río Beni, en la Amazonía boliviana, esperando a que un pez pique para llevar el alimento a casa. Es una tarde de julio en la comunidad Puerto Yumani y acaba de atrapar un surubí pequeño, un pescado que es muy probable que esté contaminado con mercurio pero que igual lleva a su mesa.
Puerto Yumani es una de las cinco comunidades indígenas que recorrió Mongabay Latam a lo largo de 41 kilómetros del río Beni. Las otras cuatro son Carmen Soledad y Puerto Motor, en el municipio de Rurrenabaque, en el departamento de Beni, y Eyiyoquibo y Buena Vista, en el municipio de San Buenaventura, al norte del departamento de La Paz. Todos esos territorios, que pertenecen a los pueblos indígenas tacana, leco y ese ejjas, están expuestos a la contaminación por mercurio que se origina en el río.
Por eso al Beni lo perciben de dos maneras: como una fuente de subsistencia para las comunidades pero también como el centro de todos sus males.
“Nosotros comemos pescado todos los días, es nuestra dieta común, porque comprar carne o pollo es muy caro para nosotros. Tenemos en los ríos nuestro alimento, pero ese alimento está contaminado y estamos sufriendo por eso”, dice Guido Alfaro, presidente de la Central de Pueblos Indígenas de La Paz (CPILAP), que representa a las comunidades amazónicas del norte del departamento. “Por eso pedimos que nos atiendan, que hagan cumplir la ley, que dice que está prohibida la minería ilegal”.
Óscar Campanini, director del Centro de Documentación e Información de Bolivia (Cedib), asegura que “lo que ya se ha identificado con evidencia científica es el impacto que tiene el mercurio sobre los peces en los ríos de la cuenca de la Amazonía boliviana. El minero bota el mercurio al río hasta que llega a las personas a través de los pescados que consumen”, detalla el experto.
Cuando los pobladores comen carne contaminada, explica el experto, absorben el metal pesado y este se acumula en sus organismos. “La cantidad va en aumento mientras el individuo sigue consumiendo la fuente de mercurio”, dice.
Para entender la magnitud de este problema, Mongabay Latam construyó una base de datos que reúne más de 7000 muestras de mercurio en humanos y más de 5900 en peces, tomadas a orillas de tres ríos amazónicos que se conectan: el Madre de Dios en Perú, el Beni en Bolivia y el Madeira en Brasil. El análisis de los 39 estudios científicos, siete de ellos en el Beni y publicados entre 1995 y 2024, reveló que los habitantes de al menos 249 comunidades indígenas y ribereñas han estado expuestas a la contaminación a lo largo de 27 años. Además que 702 comunidades más están en riesgo —125 solo en Bolivia—, por estar situadas entre los focos de minería ilegal y los casos de personas que dieron positivo a la presencia de mercurio.
En el caso de Bolivia, los investigadores tomaron 533 muestras a personas de 39 comunidades y todas ellas presentaron niveles de mercurio por encima del límite permitido por la Organización Mundial de la Salud (OMS). En el caso de las 186 muestras en peces, tomadas en 17 comunidades de la cuenca del río Beni, los estudios revelaron que 15 especies de alto consumo para los pobladores indígenas y ribereños tienen mercurio en sus tejidos.
“Sabemos que estamos contaminados por el mercurio pero, ¿qué podemos hacer? No hay dinero por esta crisis, no podemos cultivar porque nuestras parcelas están afectadas por las inundaciones, esa tierra está como podrida”, dice Grover Yumani, corregidor de la comunidad Puerto Yumani, quien lamenta vivir en un círculo vicioso que los obliga a trabajar para subsistir en una actividad que los va matando de a pocos.
El mercurio utilizado en la minería, especialmente en la de oro, puede causar daños graves e irreversibles a la salud humana. Según la OMS, ataca el sistema nervioso central, el aparato digestivo y el sistema inmunitario, entre otros órganos. La inhalación de vapores tóxicos, al quemar amalgamas, y el consumo de pescado contaminado en forma de metilmercurio, pueden provocar temblores, pérdida de memoria, trastornos cognitivos, fallas renales e incluso la muerte.
“No sabemos cómo nos daña el mercurio, nunca nos explicaron, pero hay muchos hermanos que están vomitando, que tienen fiebre, se les perdió el apetito”, añade Guido Alfaro de la CPILAP.
El enemigo invisible
Para los cinco pueblos indígenas amazónicos de los departamentos de La Paz y Beni, el río lo es todo. Es el proveedor principal de su alimentación. Allí pescan el surubí (Pseudoplatystoma), el sábalo (Prochilodus lineatus), la boga (Megaleporinus obtusidens), el pacú (Myleus pacu), el tucunaré (Cichla ocellaris), el dorado (Brachyplatystoma rousseauxii) y la palometa (Mylossoma aureum).
Sin embargo, esos peces viajan kilómetros desde aguas arriba transportando en sus tejidos el mercurio de la minería. El metal pesado baña las orillas del río en las que están asentadas comunidades como Puerto Motor, donde viven 28 familias que temen por el deterioro de su salud.
Edith Guzmán Marupa, corregidora o máxima autoridad de Puerto Motor, toca la campana de la pequeña comunidad para llamar a los pobladores. Quiere que compartan sus vivencias alrededor del río. Toma de la mesa un vaso con agua y con la voz entrecortada dice: “Sabemos que tenemos mercurio en nuestros cuerpos, pero no podemos hacer nada”.
//Los Tiempos



