Madre de Aramburu denuncia ‘odio’ en juicio por su asesinato
Le Priol y Bouvier compartían una inclinación por la violencia, la ideología ultraderechista radical, el alcohol y las armas.

La madre del exrugbier internacional argentino Federico Martín Aramburu denunció este lunes ante un tribunal francés el «odio» y la «impunidad» de los principales acusados de haberlo matado a tiros en 2022 en el centro de París.
El 19 de marzo de 2022, Loïk Le Priol y Romain Bouvier, militantes de ultraderecha, dispararon diez veces contra la víctima, tras una disputa banal en la terraza de un bar del Barrio Latino, en pleno centro de París.
Ambos se enfrentan a la cadena perpetua por asesinato e intento de asesinato, respectivamente, en el proceso en curso ante un tribunal de París. El veredicto se espera el 25 de septiembre.
«Para nosotros es muy difícil, muy difícil no decir en voz alta que consideramos que este crimen (…) podría haber sido evitable», dijo su madre, Cecilia Aramburu, ante el tribunal.
La mujer, vestida con un traje oscuro, estimó que «Federico se encontró con personas que eran extremadamente violentas, que salían de sus casas triplemente armadas: de odio, de armas de fuego y, da la sensación, con impunidad».
«Se exhibían con armas, con el cuchillo. No tenían necesidad de ocultarlo», precisó sobre la impunidad.
Le Priol y Bouvier compartían una inclinación por la violencia, la ideología ultraderechista radical, el alcohol y las armas.
Y aquella noche dispararon contra el exjugador de los Pumas, de 42 años, tras una discusión en un bar, donde acudió junto a su amigo Shaun Hegarty.
Preguntada sobre por qué Aramburu, cuando se marcha del bar, tira de la capucha de Le Priol hacia atrás tumbándolo casi por el suelo, su madre lo inscribe en el «intermedio de Federico».
«Federico, al no aceptar [una pelea], ha sentido que tampoco se iba así sin decir nada, aceptando a una persona que dice: ‘Argentino, irlandés, nosotros estamos acá, nosotros estamos en casa’», explicó.
Para Cecilia Aramburu, su hijo era «un buen chico» que, pese a haber nacido en 1980, en los últimos años de la dictadura argentina, «vivió la parte festiva de la democracia»: «que lo importante es la discusión, el debate, y no la fuerza y la pelea».
Respecto a los principales acusados, aunque los calificó de «criminales que no conocen de humanidad», aseguró que «continúan siendo seres humanos» y «merecen no pasar por este mundo sin haber tratado de comprender de qué se trata la vida».
//La Razón



